La elegancia del trópico

La biodiversidad nacional y los materiales naturales resultan esenciales para los arquitectos Jorge Lizarazo y Paula Galarza en este diseño del proyecto Hotel Casona del Colegio, en Cartagena.

 

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En una de las ciudades más turísticas del país, reconocida por el castillo de San Felipe y el Centro Amurallado, se encuentra la Casona del Colegio, un hotel inspirado en la biodiversidad de Colombia. “Al recibir el encargo nos preguntamos por qué es importante nuestro país para el mundo. Lo primero que se nos vino a la mente fue su riqueza natural, su biodiversidad”, comenta el arquitecto Jorge Lizarazo. Así, pues, con base en el secreto arte de la geometría y una paleta de tonos cálidos se representa la belleza tropical nacional.

trabajó de la mano con la diseñadora y arquitecta caleña Paula Galarza, con quien logró un estilo único y atemporal en los espacios abiertos y llenos de luz que caracterizan la arquitectura del hotel. “A diferencia de la mayoría de hoteles, donde se busca traer a la memoria imágenes de las grandes capitales del mundo, como Nueva York, Londres y París, en la Casona concentramos los esfuerzos en fusionar de manera perfecta lo autóctono y lo elegante”. Es así como se hace eco de la biodiversidad colombiana a través de las formas, colores y texturas que integran el diseño, tanto de las suites como de las zonas comunes.

Nada de eso habría sido posible sin la mano de obra de artesanos colombianos que dedican su vida a esta tradicional labor. Durante el desarrollo del proyecto participaron miembros de comunidades indígenas y campesinas, así como el ebanista paisa Juan Carlos Franco y la diseñadora Poli Mallarino, quienes se diferencian entre sí en virtud de su formación y experiencia. Sin duda, ese antagonismo, que potenció aún más el carácter ecléctico del interiorismo, hace que el lenguaje vernáculo y el universo cosmopolita se conviertan en uno solo.

La diversidad geográfica de Colombia equivale a una amplia variedad de artesanías, las cuales son una de nuestras mejores cartas de presentación en el exterior. De ahí que la Casona haya sido concebida como un lugar para recorrer los paisajes colombianos y las artesanías que los representan. Ejemplos de ello son los tapetes y cabeceras de las camas, que reconstruyen distintas culturas a través de su forma y materialidad.Los colores escogidos para las habitaciones varían según el grupo al que pertenezcan; las puede haber pintadas de verde y blanco o beige y blanco. En los acabados se instalaron piezas de mármol y madera, que le aportan elegancia, calidez y un toque de sensualidad. El mobiliario se caracteriza por la presencia de fibras naturales como cuero, lino y algodón orgánico.

El concepto de biodiversidad se extiende a las áreas descubiertas, cuyo paisajismo refleja, una vez más, la abundancia de recursos naturales: en los patios y zonas comunes se mezcla la vegetación de la costa colombiana, desde La Guajira hasta Córdoba. Especies como el mangle ascienden hacia la terraza para transformar la imagen interior y exterior del proyecto. “La geografía debe reflejarse en cada detalle, y el huésped debe ser consciente de ello”. 

Además del diseño interior y el paisajismo que definen el concepto del hotel, se destacan algunas piezas de arte como el mapa de Colombia, ubicado en el techo del bar, y el piso, obra de Luz Ángela Lizarazo, fundido en granito con dilataciones en bronce. Ambos evocan la naturaleza colombiana con un refinamiento inigualable, que reafirma esa dialéctica entre lo autóctono y lo moderno.

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