Casa Brissago, refugio de concreto

Un oasis de concreto “lavado” se asoma con serenidad a la orilla del lago Mayor, al sur de Suiza. Este monolito modernista entabla un diálogo con su entorno. Un diseño de Wespi De Meuron Romeo. 0

El lago Mayor entrelaza el terreno montañoso del norte de Italia con el extremo sur de Suiza. Esta vasta franja de agua serpentea desde el sur de Piamonte, Italia, hasta el norte de Locarno en territorio suizo. A diferencia de los lagos italianos Como y Garda, el Mayor no tiene el aura y magnetismo del dinero y la celebridad, aunque sus 65 kilómetros de longitud están a la par en cuanto a vistas alpinas y vegetación nativa. Cuenta, en cambio, con impresionantes piezas de arquitectura.

A lo largo del siglo XX, los arquitectos han aprovechado las vistas lejanas, las escarpadas laderas y el clima agradable para crear estructuras que han redefinido la relación entre la casa y el paisaje. Desde las amplias dimensiones de la casa Bucerius (1966), del austriaco Richard Neutra, hasta las obras contemporáneas de arquitectos suizos e italianos, las pendientes nevadas del lago ofrecen el escenario perfecto para una arquitectura relacionada con el entorno.

Esta nueva casa de es el segundo proyecto del estudio a orillas del lago. Los clientes adquirieron el terreno porque adoraban la región, y el portafolio de realizaciones de los arquitectos fue determinante para que les asignaran el trabajo. Acabada en concreto, como la obra anterior, la nueva vivienda es un monolito modernista; una estructura incrustada en la montaña que reduce su lenguaje visual a un conjunto de muros limpios y grandes ventanas que no revelan mucho de la configuración interior. El diseño enmarca vistas espectaculares hacia el sur sobre el lago e interactúa en cada uno de los niveles abriendo variadas posibilidades de recorrido.

Terminada en concreto rústico, la casa Brissago está dispuesta en cuatro niveles entrecruzados con patios interiores, ventanas de piso a techo y aberturas cuidadosamente insertadas en la fachada. La placa superior, reservada para el área de parqueadero, justo a continuación de la vía, señala la matriz arquitectónica y la paleta de materiales: piedra, metal y concreto vaciado, con las ventanas y los detalles moldeados en la superficie de la obra, que es más lo que oculta que lo que revela, ya que los 387 metros cuadrados de la residencia se disponen casi por completo del nivel de llegada hacia abajo.

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Desde el modesto nivel de llegada se desciende a un patio de entrada al que se abren la cocina y el comedor. Íntimo y sencillo, este ambiente tiene una mesa dispuesta sobre el patio para comer al aire libre con tan solo correr la puerta deslizante del costado, que despeja la vista hacia el este. Adentro, la funcionalidad está determinada por la vista; el mesón de la cocina –con el lavaplatos y la estufa– parece flotar sobre la panorámica del lago, mientras que una mesa de roble frente a un plano de vidrio revela las colinas que descienden hasta el agua. En la tarde, las patas esbeltas de madera y metal de las sillas blancas diseñadas por proyectan largas sombras sobre el piso de concreto pulido.

En el cuarto nivel, una escalera y un ascensor bajan hasta el estar principal. Nuevamente el ambiente está dominado por la vista hacia el sur, a lo largo del lago, con el ventanal de piso a techo abierto sobre todo el plano de la fachada. La sección transversal de la vivienda, ensamblada como un rompecabezas, está trabajada con el criterio de generar dos tipos de espacios exteriores: un patio cubierto, con una gran puerta corredera de madera que da acceso al jardín, y un patio principal, rodeado por muros de doble altura y sembrado con olivos que sombrean un piso empedrado.

El arquitecto Jérôme de Meuron lo describe como el “corazón de la casa, el sitio donde los distintos senderos se cruzan, como en una antigua aldea”. Una banca de concreto y una fuente junto a una segunda puerta corredera crean una ruta que atraviesa la vivienda y enfatiza la sensación de una serie de estructuras relacionadas.

La presencia del paisaje prevalece en el estar. Al igual que la cocina, una amplia sala conecta el interior con el exterior mediante las visuales sobre el lago y se desarrolla alrededor de un amplio sofá Flexform Soft Dream con forma de  “L” que se extiende a lo largo del muro. Un piso más abajo están dos habitaciones, un baño y un gimnasio, mientras que la alcoba principal con su baño y un sauna está en el primero. Ambos niveles de dormitorios tienen salidas al exterior que aprovechan la pendiente del jardín y permiten el acceso a la piscina.

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No obstante su experiencia con el concreto y la piedra, esta fue la primera incursión de la firma Wespi De Meuron Romeo en cuanto al uso de este tipo de tratamiento del concreto, en el que la superficie se “lava” hasta dejar expuesta la piedra del agregado. “Visitamos otras casas donde se usó el material y estuvimos en la obra a fin de supervisar el ‘lavado’ del concreto para asegurarnos de obtener el resultado correcto”, recuerda el arquitecto Jérôme de Meuron.

La casa Brissago se estructura en la admirable tradición suiza de una refinada vida contemporánea, combinando el respeto por el paisaje y el terreno con un riguroso manejo de los materiales y el detalle. El resultado es un lugar cálido y sin concesiones de estilo para contemplar la relación entre la arquitectura y el mundo natural. Casa Brissago, refugio de concreto.

//julianapark.info

 

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